Josep Renau, un exiliado que marcó historia.

Josep Renau (Valencia, España 1907) fue uno de los grandes artistas españoles del siglo XX un tanto relegado en parte por los genios de Picasso, Dalí y Miró que dominaron el arte ibérico para esa generación, y por sucesos mismos de su vida a partir de la dictadura franquista y su exilio en México y posteriormente en Alemania, en donde finalmente murió en 1982.

Hasta hace diez años y gracias al interés de investigadores, coleccionistas y de su propio sobrino Carlos Renau, es que el trabajo de Josep ha tomado una nueva y renovada postura de reconocimiento como un gran impulsor, no sólo de la ilustración y el cartelismo tanto de orden comercial como político y social, sino como un artista siempre crítico de los entornos que le rodearon, por ejemplo, en su serie “Fata Morgana. USA - American Way of Life” que desarrolló durante sus últimos años en México y el corto periodo de tiempo que vivió en los Estados Unidos, y que se mantiene tan actual en su fundamento observador y crítico que bien podría ser una obra contemporánea. Los 69 fotomontajes que le componen cuestionan los pensamientos radicalistas, el consumismo, el racismo y el militarismo, como pretensión de la mejora de las condiciones de vida del ser humano, temas que incluso se han acentuado en los últimos años y ni más que decir de los años que se esperan, marcados por un intenso patriotismo tanto en los USA como en algunos países de Europa.
Graduado de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, uno de los capítulos más anecdóticos en la vida de Renau, es haber sido como director general de Bellas Artes de España, el encargado de solicitar a Pablo Picasso una obra para inaugurar el Pabellón Español de la Exposición Universal de París de 1937. En 1981 Renau mismo narró al escritor Fernando Martín (según lo escribe Jose Aguilar en un artículo publicado en el diario El País de 1983), que viajó personalmente a París para encontrarse con Picasso en 1936, varios meses antes del bombardeo de Guernica ocurrido en Abril de 1937, y por cual le pagaron a Picasso un aproximado de 7,000usd, dinero que fondeo una de las obras más representativas en la historia del arte universal.

En 2015 en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Carlos Renau, sobrino del artista, presento el libro "Josep Renau. Carteles del Cine Mexicano", un compendio de 250 carteles y trabajos como pintor y cartelista político, y que detalla en los textos del historiador Rogelio Agrasánchez, las aportaciones técnicas que Renau realizó al diseño iberoamericano, introduciendo el uso del aerógrafo y de técnicas que facilitaron la elaboración del cartel publicitario en tiempos record para la época, y que formaron la transición del trabajo en piedra litográfica hacia el offset.
Aunque Renau fue bien recibido en México, su trabajo como cartelista nunca le fue intelectualmente suficiente, negándose incluso a firmar varias de sus piezas iniciales, considerando que podría integrarse fácilmente a la corriente muralista de la época y dejar de lado el cartelismo comercial, lo cual no sucedió. Renau fue un admirador de Rivera, pero quien en realidad se pudo identificar con él gracias a sus ideales socialistas fue Siqueiros, quien lo conoció justo en España durante la guerra civil y que lo adoptó como ayudante para realizar el mural “Retrato de la Burguesía” que el pintor realizará para el edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas, esta experiencia con quien fuera tal vez, el más grande muralista no sólo mexicano sino de la historia del arte,  le serviría al valenciano para desarrollar sus propias obras, algunas de ellas como “El uso pacífico de la energía atómica” aún vigentes en edificios públicos de la Alemania Socialista RDA, el mismo Renau calificaría su vida artística como un “antes y después de David”. La vida de Renau fue de un desencanto general, y de un artista siempre constante y perseverante frente a las adversidades, su negación a formar parte de cualquier sistema que no fuera el comunismo, le procuro una aversión primero en su propio país y después en México en donde Albert Forment describe -con una buena carga de dramatismo y exageración- en su libro “Josep Renau. Història d'un fotomuntado”: “…fue abandonado por Siqueiros para ir a cometer su atentado contra Trotsky, y fue obligado, incluso esclavizado, al diseño de carteles casi siempre de películas de ínfima calidad, con poca libertad creativa y limitados medios técnicos…”. Renau murió sino en el abandono, si en el olvido en un hospital de la antigua Berlin Oriental, y sin ningún honor al hombre al que además de todo, debemos agradecer el Guernica de Picasso.







Antonio Uribe administra la Asociación Civil Proyectos Educativos de Arte, formada para la promoción de las Artes Visuales en Cancún.

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